Mata a un perro y serás mataperros

Me gusta escuchar las historias de estrés de las personas. Aunque realmente me dan flojera y la mayoría de las veces no me importan, aprendo mucho de esos “dramas de la vida real”. Yo mismo he creado dramas interesantes de esos que a nadie le importan.

 

Cuando estaba estudiando mi Universidad yo ya trabajaba, me hacía cargo de una familia y además tenía que encontrar tiempo para emprender por gusto y en ocasiones por necesidad. En muchos momentos llegué a pensar “¡qué difícil es mi vida!” y lo repetía a lo largo del día con cada persona que me encontraba. Hacía mi telenovela de las pocas horas que dormía, el poco tiempo que me quedaba y la vida tan ocupada que tenía a mi corta edad. Poco a poco me fui dando cuenta que mientras más lo repetía, menos le importaba a la gente y más real se volvía esa historia en mi vida.

Lo más extraño es que no era el único que hacía (o hace) esos dramas. Mientras mis amigos y compañeros ignoraban mis dramas, cada quién hacía el suyo que a los demás no nos importaba. Muchas veces yo pensaba (y seguro los demás también) “Eso no es un gran problema. ¡Problema el que tengo yo!”. Así le daba más vida a mi sufrimiento imaginario.

 

Todo esto me ha servido de reflexión para entender tres cosas:

  • Tu vida es tan complicada como tú lo creas. Cuando dejé de quejarme de lo poco que dormía (o por lo menos no me quejaba tan a menudo), fue siendo más fácil vivir con pocas horas de sueño. Hasta llegó el punto en el que lo acepté como parte de mi crecimiento personal y como parte de esa etapa de mi vida. Piénsalo sencillo y verás que es así.

 

  • No hables de lo difícil. Habla de lo satisfactorio que es para ti. A los demás les interesan tus problemas tanto como a ti los suyos. Nada. No importan. Se pueden resolver. Pero si hablas de lo bueno que ha sido para ti y de los beneficios que ha traído a tu vida, pueden suceder dos cosas con los que escuchan tu historia: te critican por tu éxito o te admiran por tu valor. Y ambas son muy buenas porque, en cualquier caso, ya te están pensando.

 

  • Lo que haces para que pasen las cosas no es sacrificio. Si hubiera sido un sacrificio dormir pocas horas para terminar mi Universidad, estoy seguro de que no la hubiera terminado. Qué flojera sufrir por algo que quieres lograr. ¿Por qué tiene que valer la pena? Mejor que valga la alegría de verte llegara donde quieres.

 

Después de esto, te darás cuenta cómo ahora no sólo eres tú el que le da valor a tu historia de éxito, sino todos los demás (te odien o te amen) porque entienden y hacen real para ellos y para ti este triunfo en tu vida. Ahora la atención la tiene tu éxito y no tu sacrificio.

Aaron Benítez (tremendo empresario que sigo y admiro) les llama “Dramas de baja intensidad” a estas historias que uno se inventa. Me encanta ese término.

 

 

¿Qué dramas has hecho en tu vida que no te sirvieron?

¿Cómo puedes darle más valor a la historia de tu vida?

 

 

Me gustaría entrevistarte y compartir tus recomendaciones de cómo ser un Godín-Emprendedor. Contáctame: godinemprendedor@gmail.com

* Photo by Anita Peeples on Unsplash

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